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A Muti no hay quien le tosa


Por algo dicen que Chicago es conocida como la ciudad de los vientos. Y debió ser que en un despiste de una de esas puertas abiertas o ventanas que abundan en cualquier ciudad y ésta no va a quedarse atrás, una gran parte del respetable que acudía a escuchar entre otras una pieza de Cherubini en la batuta del maestro Muti se resfrió de golpe. Sea como fuere, el italiano, puro temperamento y con un brío que ya querrían para sí muchos directores de cuarenta (él ya ha cumplido los 76) detuvo la orquesta ante las toses. No podía concentrarse él y tampoco los miembros de la Orquesta Sinfónica de Chicago. Lanzó una mirada a sus chicos y bajó la batuta. El sonido se detuvo. Paró en seco. La portavoz de la formación, Eileen Chambers, aseguró que “este tipo de situaciones no son muy frecuentes; sin embargo, si hay una interrupción significativa el director puede optar por parar y permitir tanto al público como a los profesores que se concentren de nuevo”. Para el crítico del “Chicago Classical Review” resulta un fastidio “trabajar durante horas en los ensayos para que todo salga perfecto y que después se vaya al traste por una gente que tose sin la menor consideración. Toser en determinados momentos rompe el hechizo de la música”.

Aunque parezca mentira en el auditorio desde hace tiempo se ha situado contenedores de pastillas para la garganta de manera gratuita. Quizá desde que otro director de orquesta, mucho más enervado que el italiano, Michael Tilson Thomas, arrojó puñados de grageas a los espectadores para expresar lo que estaba sintiendo ante los frecuentes ataques de carraspeos y toses.




Fuente: La razon

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