Este año el Trofeo Conde de Godó acoge las mejores raquetas jóvenes, lo que convierte al torneo en una especia de Grand Slam de nuevos valores. Cuatro de ellos está dentro del top 35. Se trata de jugadores que sucederán en el futuro a Nadal, Federer y Djokovic.

Stefanos Tsitsipas
(AFP)


Stefanos Tsitsipas

La flor del último Godó






Pocos torneos le arrancarán una sonrisa como el Godó. El heleno se dio a conocer la pasada primavera cuando alcanzó la final en el Real Club de Tenis Barcelona contra todo pronóstico. Superó en los cuartos de final a Thiem, quien a priori parecía destinado a discutir el título a Nadal. A la postre, el manacorense avasalló a Tsitsipas (6-2 y 6-1). Sin embargo, su irrupción no fue flor de un día. En los siguientes meses se afianzó en el circuito ATP. Finalista del Masters 1.000 de Canadá y semifinalista del Open de Australia –torneos en los que cayó también contra Nadal–, levantó su primer trofeo en Estocolmo y se proclamó rey de las raquetas emergentes en las finales de la next gen. Su escalada hasta la cima ha sido tan meteórica que el traje de joven promesa se le ha quedado pequeño de un año a otro. Nadal apostó por él al comienzo de la temporada. Confesó verlo entre los diez primeros del ranking cuando terminara el año, un puesto de privilegio que ya ocupa.

Sobre la pista demuestra una seguridad impropia de su edad. A sus 20 años sabe sufrir, se defiende bien. Y cuando le toca ir al ataque saca a relucir su derecha y se apoya en su gran servicio. Un jugador completo y polivalente en todas las superficies que ha mamado tenis desde la cuna. Su madre fue tenista, y su padre le entrena. Sus cualidades le alejaron de su Atenas natal para modelar su juego en la academia de Patrick Mouratoglou, en Niza. En su adolescencia estuvo a punto de morir ahogado en la isla de Creta arrastrado por la corriente. Todo quedó en un susto. Tsitsipas, que ya sabe lo que es ganar a Federer y a Djokovic, abandera la generación que debe dominar el tenis mundial del futuro.





Denis Shapovalov
Denis Shapovalov
(Reuters)


Denis Shapovalov

Agresividad en cada punto

La llegada del torneo barcelonés coincide con uno de sus mejores momentos como profesional. El tenista canadiense poco a poco ha aprendido a tener mayor templanza en su juego, muchas veces desbocado por su agresividad con la derecha y su descaro. Controlar los impulsos y tener menor prisa a la hora de terminar los puntos ha permitido a Shapovalov ser más regular. Es un tenista al que le van las grandes citas. Con 20 años recién cumplidos, ya ha sido semifinalista en tres Masters 1.000, el último el pasado marzo en Miami. La penúltima ronda también fue su techo sobre la arcilla de Madrid el año anterior, lo que demuestra que no es ni mucho menos alérgico a esta superficie. Aun así, no puede esconderse que sus cualidades encajan mejor en pistas rápidas. En Montecarlo se despidió a las primeras de cambio.

Se trata de un tenista muy ofensivo al que le gusta llevar la iniciativa. Zurdo, utiliza el revés a una mano como su ídolo Federer. Nació en Tel Aviv, ciudad elegida por sus padres para empezar una nueva vida tras la desmembración de la Unión Soviética. Pese a ello, la falta de seguridad en Israel empujó a la familia a desplazarse a Toronto, donde habita una amplia comunidad judía. Allí empezó a jugar a tenis a los cinco años. De no ser tenista, le hubiera gustado dedicarse al hockey sobre hielo, deporte estrella de Canadá. Su madre, Tessa Shapovalova, es entrenadora de tenis y tiene una academia en el barrio de Vaughan. Exnúmero uno y campeón de Wimbledon júnior en el 2016, Shapo no ha podido todavía estrenar su palmarés con los mayores. Más pronto que tarde, ese día llegará. Ya sabe qué es estar entre los 20 mejores del mundo.





Frances Tiafoe
Frances Tiafoe
(EFE)


Frances Tiafoe

Promesa cumplida, papá

El camino hacia el éxito para cualquier proyecto de tenista está lleno de escollos. Los problemas se multiplican si además no se goza de una salud económica adecuada, necesaria para crecer en este deporte. Contra esta adversidad añadida tuvo que luchar Frances Tiafoe desde que empuñó una raqueta a los tres años junto a su hermano gemelo, Franklin. Sus padres emigraron a Estados Unidos huyendo de la guerra en Sierra Leona. No fue una vida sencilla, pero el pequeño Frances prometió a su padre, que trabajaba como jefe de mantenimiento del Junior Tennis Champions Center de College Park (Maryland), que un día sería tenista. En ese club de tenis vivió durante once años y allí aprendió a jugarlo hasta que su talento dejó de ser invisible.

Sin un referente claro en el tenis estadounidense, Tiafoe ha recuperado el ánimo de su país, aunque todavía es un diamante por pulir. Poco a poco está dejando de lado su inconsistencia y empieza a asomar la cabeza en los torneos importantes. A sus 21 años entró por primera vez en el top
30 después de clasificarse para los cuartos del Open de Australia, su mayor proeza en un Grand Slam. Es la misma ronda alcanzada en el Miami Open, donde su actuación fue notable, al igual que las de Shapovalov y sobre todo Augier-Aliassime. Es veloz y dinámico, con una derecha de gatillo fácil. Prefiere la tierra batida, donde su mejor resultado se remonta a la final perdida de Estoril del año pasado. En el 2018 estrenó su palmarés frente a su idolatrado Del Potro en Delray Beach. También admira a LeBron James, a quien imita marcando bíceps cuando gana.





Felix Auger-Aliassime
Felix Auger-Aliassime
(Reuters)


Felix Auger-Aliassime

El benjamín ya asombra

La gran noticia del año en el tenis mundial es la irrupción de este canadiense de 18 años. Hasta hace poco, Felix Auger-Aliassime era un gran desconocido para la mayoría de aficionados. Su crecimiento exponencial le ha permitido ser uno de los tenistas que más posiciones ha ascendido desde el arranque del año: del 108 a merodear el top 30. Las semifinales en el Masters 1.000 de Miami –el más joven en llegar a esa ronda en el torneo estadounidense– le impulsaron en el ranking, como también la final de Río. Pese a perder ante Djere, en la ciudad brasileña entregó su tarjeta de presentación. Sobre polvo de ladrillo demostró su capacidad para adaptarse a diferentes superficies. El espigado tenista de Montreal (1,93 metros) es bastante ágil, tiene un juego contundente aunque todavía se desconoce su mejor golpe. Entre sus virtudes destaca la lectura del juego, importante si se tiene en cuenta su juventud.





Tiene raíces togolesas provenientes de su padre, que es entrenador de tenis. De su madre tomó el apellido Auger y lo puso delante de Aliassime para darse a conocer. Su hermana, dos años mayor, también juega al tenis, aunque sin el mismo éxito que Felix, un apasionado del piano. Lo toca en sus ratos libres.

Además de sentir devoción por Federer, comparte el mismo día de nacimiento (8 de agosto). Su precocidad le permite ser un chico récord: es el primero nacido en el siglo XXI en lograr un punto ATP. Tenía 14 años. Un año después, ganó su primer partido Challenger y, con 16, su primer título. Ya ha superado el millón de dólares en premios. Por el momento, parece tener la cabeza bien amueblada.

Reilly Opelka
Reilly Opelka
(AFP)


Reilly Opelka

El gigante del servicio de oro

La ausencia por lesión de Alex de Miñaur concede a Reilly Opelka la oportunidad de estar en el selecto grupo de jóvenes con mayor potencial sobre la tierra batida de Barcelona. El gigante estadounidense es otro de los que atraviesan el momento más dulce de su corta carrera. Gran parte de ello se debe a su poderoso servicio, un atributo que le hace promediar casi 20 aces por partido. Mide 2,11 metros, como Ivo Karlovic, el gran bombardero del circuito de la última década. Sin embargo, en Estados Unidos lo ven como el digno heredero de John Isner, primer top 10 víctima de sus saques directos. De hecho, entre ambos jugaron un partido de locos en las semifinales de Nueva York el pasado mes de febrero, con 81 aces. En la Gran Manzana se estrenó como campeón y pudo colocar el primer título en sus vitrinas. Un torneo menor, de categoría 250, pero que sirve para confirmar las buenas sensaciones que viene dejando el de Michigan en los últimos meses sobre la pista. Ahora busca la consagración con los mayores después de ser uno de los puntales del circuito Challenger, en el que acumula varios títulos.





Tanto ha cambiado la vida de Opelka que semanas atrás, en Houston, partió como cabeza de serie. Hace tres años, en ese mismo torneo, ocupaba la posición 1.008. Ahora ya forma parte de los 60 mejores del mundo. Debe mejorar en muchas facetas, como su juego de fondo, fundamental para crecer sobre todo en arcilla. Es su superficie favorita pese a que a priori sus cualidades tienen un impacto menor. Si avanza rondas y mantiene su inspiración al servicio, puede convertirse en el tenista más altruista del torneo gracias a la iniciativa de los aces solidarios.




Fuente: LA Vanguardia

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