A Alvin y George, padres de Tanya, no les gustaba nada allá por 1994 que su hija saliera con un chico mayor ni las compañías que éste frecuentaba. Pero aun así, cuando se marcharon a Irlanda ambos con su primogénita, aprovechando que Alvin tenía allí un tour guiado, la dejaron sola en casa. La mañana del 27 de junio, cuando llamaron para asegurarse de que todos estaban bien, su sobrina les dio un disgusto: Tanya había dado una fiesta y Pablo se había quedado a dormir. Esa conversación telefónica a priori intrascendente —experiencia común de cualquier padre—, pasó a ser capital. Eran la única coartada de Pablo. Fue durante la rehabilitación tras un accidente de tráfico cuando Alvin, recobrándose, se dio verdadera cuenta de hasta qué punto Tanya estaba convencida de seguir con Pablo pasara lo que pasara.

Poco antes de morir, Cristina, madre de Pablo, les rogó que no abandonaran a su hijo. Y Alvin y George han seguido firmes en su propósito, con Tanya y con Pablo.

Fuente documental: En el corredor de la muerte, de Nacho Carretero.




Fuente: El Pais

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