Sociedad

24 horas con Ana, una «bomba» de lluvia y viento


Mucha lluvia y mucho viento. Es lo que nos trae Ana, una borrasca profunda que viene preparada para producir hoy un gran impacto en bienes y personas en sólo 24 horas. Se viene gestando a la altura del Cantábrico hace unos días y nace hoy fruto de una ciclogénesis explosiva, es decir, una bajada de presión de manera acelerada que dará a luz a una borrasca violenta y adversa que desatará toda su furia en poco tiempo.

«Ana da la cara, sobre todo, a partir del mediodía como una borrasca profunda y, cuando baja la presión, lo que se produce es mucho aire ascendente y, a su vez, desata mucha lluvia», explica Daniel Santos Muñoz, Meteorólogo y Doctor en Ciencias Físicas. Será pues «el fruto de un “parto por la vía rápida” y esto ayuda a que sea más virulenta que una baja o borrasca de nacimiento más pausado. Ana nos enviará lluvia y vientos de intensidad fuerte, con rachas que podrían llegar a los 120km/h. Para finales del lunes Ana probablemente estará situada en el Europa Central, y sus últimos coletazos darán fin a la primera borrasca con nombre oficial», añade el meteorólogo.

«Cuando sucede este fenómeno meteorológico, a Ana sólo le queda autodestruirse a base de generar lluvia y viento –que es lo que sufriremos hoy– y después su energía se irá agotando, pero lo cierto es que una gran parte de la Península quedará afectada».

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha decretado para hoy la alerta naranja por vientos y lluvias fuertes e intenso oleaje en zonas costeras en ocho comunidades autónomas (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Castilla y León y Madrid) y en las provincias de Cáceres, Toledo, Ciudad Real y Guadalajara. Las precipitaciones serán abundantes, aunque especialmente fuertes y persistentes en el noroeste y en zonas montañosas, donde podrían alcanzarse o superarse los 80-100 litros por metro cuadrado, en un solo día, especialmente en Galicia.

Las lluvias persistirán en casi toda la Península a partir de mañana lunes, con alerta naranja por fuertes vientos que podrían provocar olas de hasta seis metros. Las rachas de viento podrán superar los 100 km/h). El martes Ana perderá su fuerza, aunque seguirá lloviendo en Galicia y el Cantábrico y el norte Canarias y en Baleares. En el resto del país no se esperan precipitaciones.

Ana coincide, precisamente, con el final del macro puente de la Inmaculada y la Constitución. De ahí que el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, pidiera ayer en Jerez de la Frontera máxima prudencia en las carreteras españolas por la climatología adversa, lo que añade un plus de peligrosidad a un trayecto. Zoido explicó que «ya existe una campaña especial de la Dirección General de Tráfico», con paneles que advierten de estas incidencias, aunque desde hoy se reforzarán esos mensajes. «Los paneles advertirán con mayor rigor y profusión de todos los riesgos a los que cada uno se puede ver sometido en la carretera», ha dicho el ministro. «Todo está previsto y lo que hay que recomendar es prudencia, porque toda prudencia en la carretera es poca, ya que hay muchísimos vehículos en este puente», informa Efe.

Precedentes

Según el Ministerio de Agricultura, a partir de ahora se pondrá nombre a una borrasca profunda «cuando se prevean condiciones que den lugar a la emisión de avisos de viento de nivel naranja o rojo en España, Francia o Portugal». No es la primera vez que se pone nombre a una borrasca. La Universidad Libre de Berlín ha estado bautizando a los anticiclones y borrascas desde el año 1954. De hecho, son conocidas dos borrascas profundas consecuencia también de ciclogénesis explosivas, como Ana, que produjeron víctimas mortales y grandes pérdidas económicas en España, Francia y otros países europeos: Klaus (23-24 de enero de 2009) y Xynthia (27-28 de febrero de 2016).

Pese a la violencia de Ana, el agua permitirá elevar al menos algo el nivel de los embalses, que se encuentran al 36 % de su capacidad. Y es que las precipitaciones a estas alturas de año están por debajo del 50 por ciento.




Fuente:La razón

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