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2-2. Bale regresa en la segunda parte y cambia el partido


En el minuto 3 de la segunda parte Gareth Bale salió a calentar y provocó los primeros aplausos de la grada del Santiago Bernabéu, que hasta ese momento no llevaba una buena noche, entre el frío y el juego de su equipo. Veinte minutos más tarde, poco después de que Cata rematase al larguero y la tragedia sobrevolase el estadio madridista, el galés salió al campo por el canterano Feuillasier.

Y apenas había pasado un minuto cuando la pelota le llegó en la esquina derecha del área, la tocó por primera vez en partido oficial tras más de sesenta días, se la acomodó bien y dio el mejor toque de los madridistas en el choque de ayer: con el exterior del pie, el golpeo preciso para ponerle el balón en la cabeza de Mayoral, empatar el partido y espantar todos los malos presagios que nacían en ese murmullo maldito con el que calienta su enfado el Bernabúe.

Poco después, otra vez Bale se inventó una espuela para llevarse una pelota de espuela y aunque su remate no fue gol, el rechace si lo convirtió, otra vez, Mayoral, que pide, de ese modo, más oportunidades como delantero.

El Madrid dio, así, la vuelta al partido, está en la siguiente ronda de la Copa del Rey y afronta lo que viene ahora con un Bale que parece que dispuesto a competir la titularidad con quien haga falta. Está fino, está con ganas y un Bale así es decisivo.

Con su regreso, con la alegría que dio a unos aficionados que, a veces, prefieren fijarse más en lo negativo que en lo positivo, la estrella tapó las carencias de una noche extraña en el campo del Real Madrid. Con la victoria en la ida, frente a un equipo de Segunda B, Zidane apostó por probar a la cantera y la experiencia no fue lo exitosa que le gustaría. En un día importante para todos ellos, pasaron inadvertidos o sufrieron demasiado. No se vio a Achraf, que cada día que pasa está más lejos de Carvajal, tampoco pudo hacer nada Tejero, Óscar apenas dejó nada y Feuillassier se fue para que el Madrid ganase el partido. Es verdad que sería desproporcionado juzgar una carrera por un partido, pero también es cierto que hay noches que te pueden cambiar la vida y los canteranos blancos dejaron pasar el tren.

Fue un noche, además, para que Kovacic probara cómo va de potencia tras superar una larga lesión y para que Keylor Navas volviese a sentirse titular. El croata puso sus carreras habituales con el balón controlado y no terminó el partido para no fatigarse, mientras que el portero falló en su primera parada importante. Es un futbolista de largo recorrido, que necesita minutos, como ya se vio la pasada campaña.

Si no tuvo el mejor día el Madrid fue porque el Fuenlabrada mantuvo la esperanza contra todo pronóstico y se plantó en el campo del campeón de Europa como si estuviera en su pequeño estadio Fernando Torres. Con Milla dando órdenes de manera incansable, el Fuenlabrada sabía que tenía que ceder campo y esperar su turno, estar ordenado, jugar como sabe la pelota y ser muy listo en sus llegadas al área rival. Lo hizo todo bien y se fue con un empate glorioso. Pudo marcar más, sobre todo al principio, pero fue Milla con un disparo desde lejos que no se vio nunca hacerlo a su padre.

Fue un terremoto en el Real Madrid, donde sólo Ceballos mantenía el mínimo exigible. Estaba la noche amarga, húmeda y fría, estaba la noche para ponerse del mal humor. Y apareció Gareth Bale.




Fuente: La Razón

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