España

160 pistolas, 5 toneladas de explosivos y 3 misiles


La banda terrorista ETA culminó ayer su rendición incondicional con la entrega a las autoridades francesas, a través de los llamados «artesanos de la paz», de ocho zulos en los que se ocultaban 25.700 elementos de detonación y munición, casi tres toneladas de explosivos y 120 pistolas, rifles y armas semiautomáticas. La derrota etarra fue maquillada ayer con diversos actos públicos organizados en la ciudad francesa de Bayona, eventos orquestados para copar la atención mediática desde primera hora de la mañana y movilizar al mayor número de personas durante esta jornada que ETA pretendió convertir en «histórica».

La escenificación propagandística comenzó a las 8:30 en el interior del Ayuntamiento de Bayona con la entrega de los datos de geolocalización de los zulos de la banda terrorista que ha decidido dar a conocer a la Justicia francesa para hacer avanzar sus intereses políticos. Poco después, al filo de las nueve de la mañana, el presidente de la Comisión Internacional de Verificación, Ram Mannikaligam compareció ante los medios para asegurar que la localización de las armas había sido entregada a la CIV por Jean Nol Etxeverry, descrito como un «representande de la sociedad civil vasca» para evitarle una posible investigación policial por su relación con los terroristas. Esta información relativa a «armas, municiones y explosivos» fue comunicada a las autoridades francesas «inmediatamente». Fue en ese instante, mientras Mannikaligan aún hablaba en el ayuntamiento, cuando las fuerzas de seguridad francesas empezaron a desplazarse a los zulos, situados en Viellenave de Navarrenx, Maslacq, Saint Pée Sur Nivelle, Lahonton, Carrese-Cassaber, Etxharry y Espiute. El octavo se localizó entre Adaux y Castetbon, en Occitania.

«La Comisión no estará involucrada en esta fase, pero cree que este paso constituye el desarme de ETA», certificó Mannikaligan, la persona elegida por los terroristas para dar correa de distribución a sus movimientos estratégicos desde hace años. El experto confirmó que la entrega de información se realizó «bajo la invitación y la presencia» del alcalde de la capital lobortana, Jean-René Echegaray. Contribuyeron también a la escenificación etarra el arzobispo católico de Bolonia, Matteo María Zuppi, y el reverendo Harold Good, ex presidente de la iglesia metodista de 8Irlanda. La CIV agradeció también la colaboración prestada por «actores sociales y políticos vascos», señaladamente el presidente del Gobierno vasco, Íñigo Urkullu, «por su apoyo durante estos años».

El «desarme» de la banda terrorista, según Mannikaligam, «demuestra la fuerza y la resistencia de la democracia contra la violencia». El autodenominado «experto en resolución de conflictos» sacó pecho del trabajo realizado durante los últimos años y afirmó que se trata de un «nuevo modelo de desarme y verificación», ya que ninguno de los dos estados afectados (el francés y el español) han querido involucrarse en el proceso llevado a cabo por ETA por considerarlo una campaña de propaganda política. Una hora después era Michelle Tubiana, portavoz de los «artesanos de la paz» quien desvelaba más detalles sobre la entrega de armas. 172 observadores acreditados por los mediadores de ETA se habían dividido en grupos de unos 20 miembros para «custodiar» los zulos etarras hasta que se personaran las fuerzas de seguridad francesa. En aquel momento de la mañana aún no se conocía cuánto tardarían los gendarmes franceses en personarse para incautar el armamento y, durante su rueda de prensa, Tubiana dejó entrever nerviosismo por que la «transferencia» se realizara sin «impedimentos». Los «artesanos» no daban detalles sobre la naturaleza de las armas, ni sobre si habían sido utilizadas en atentados sin resolver. Todos esos pormenores eran «irrelevantes» porque no se pretendía «alimentar investigaciones policiales». En aquellos mismos instantes, a pocos kilómetros de distancia y bajo los idílicos prados de la bellísima región de Lapurdi, comenzaban a ser exhumadas las herramientas del terror de ETA.

No salen las cuentas. 120 armas y tres toneladas de explosivo, según el recuento de la propia ETA, pero habrá que esperar al que realice la Policía Judicial francesa. Sólo del robo cometido en Vauvert, en plena tregua, faltan por aparecer 160 pistolas y revólveres completamente nuevos; y otras cinco toneladas de precursores para fabricar explosivos (durante 2006 la banda robó ocho toneladas, cinco de polvo de aluminio y tres de nitrato). Los expertos que ha consultado este periódico subrayan que el problema lo tiene ahora ETA y no es pequeño. Dentro de su conocida estrategia de transferencia de responsabilidades, la banda pretendía poner la pelota en el tejado del Gobierno español pero le ha salido el tipo por la culata. Alguien tendrá que preguntar, además de dónde están las otras armas y para qué las quiere, con qué fin se ha quedado ETA con todo el «aparato de falsificación». Descartado que quieran hacer la competencia a las entidades oficiales españolas y galas encargadas de emitir documentaciones, lo que parece claro es que lo necesitan para mantener en la clandestinidad a una serie de individuos, tanto en Europa como en América, lo que no se corresponde con que vaya a disolverse a corto plazo, como han publicado algunos medios. Y hay otro dato: pocos meses antes de que la banda anunciara el fin de sus actividades, que no del conflicto, compró tres misiles (se supone que del tipo tierra-aire, para derribar aviones o helicópteros en vuelo). con un gasto de 100.000 euros. ¿Dónde están?




Fuente: La Razón

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