El ozono troposférico, también llamado el ozono malo, ha tenido el primer pico del verano en varias zonas de la Comunidad de Madrid. Este contaminante, que suele darse en zonas limpias y libres de dióxido de nitrógeno (NO2), tiene la peculiaridad de darse en verano, cuando las temperaturas son altas y no hay viento. Y es, precisamente, un contaminante secundario, que se forma porque hay contaminantes primarios, a través de la contaminación transfronteriza.

Los municipios afectados han sido Getafe (durante una hora), Alcalá (cinco), Orusco (dos), Alcobendas (tres), Torrejón (tres), Coslada (dos), Rivas (tres), Guadalix de la Sierra (tres), Algete (tres) y Atazar (dos). Y en Madrid capital, en Barajas (durante tres horas), Juan Carlos I (una hora) y Tres Olivos (dos horas). Las Administraciones competentes están obligadas a avisar a la población una vez se supere los 180 microgramos por metro cúbico por ser perjudicial para la salud. Tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento aseguran que han activado el protocolo de aviso, enviando mensajes a las personas que lo habían solicitado previamente a través de una aplicación y colgándolo en sus respectivas páginas web.

“Como suele ocurrir, la información es muy deficiente, tanto en el sentido de prevención a la población como una vez en pleno desarrollo del mismo. Yo me enterado a las seis de la tarde siendo una persona que estoy sobre este asunto de forma muy habitual, no digamos pues el resto de los mortales”, ha dicho Juan García Vicente, portavoz de Ecologistas en Acción. “La gente no se entera por mucho que digan las Administraciones que avisan a través de la web o con un mensaje de texto. Esa aplicación al final la tienen cuatro freakis. ¿Tú crees que la gente se mete en una página web para mirar cómo está el ozono hoy para salir a pasear o no?”, se queja García Vicente, experto en temas relacionados con la calidad del aire.

El primer nivel de alerta, llamado de protección de salud, existe cuando hay una concentración superior a 120 microgramos por metro cúbico, en una media de ocho horas. Después, existe el llamado umbral de aviso, que es cuando se supera los 180 microgramos por metro cúbico en una hora y es cuando las administraciones están obligadas a avisar. Y por último existe el umbral de alerta, que es cuando se superan los 240 microgramos de ozono por metro cúbico, en una hora también. En esos casos, muy difíciles de alcanzar, se debería hacer un llamamiento generalizado para frenar del todo actividades determinadas, como parar el tráfico. La organización ecologista lleva años pidiendo a las administraciones sin éxito que informen a los ciudadanos en cualquiera de los tres umbrales, por ejemplo, con la colocación de paneles, como los que se emplean para las incidencias del tráfico.

 La dificultad para atajar el problema de una contaminación transfronteriza pone el foco en lo más importante: la salud de las personas que lo sufren. «Al hacer ejercicio en un parque en las horas de sol, la exposición al ozono es más alta que si estás en el centro de la ciudad. El ejercicio físico demanda más oxígeno, lo que conlleva un aumento de la frecuencia respiratoria y, por tanto, al respirar más se inhala más cantidad de ozono con su correspondiente efecto en la salud», explicó hace unos meses a este periódico Julio Díaz, jefe del Departamento de Epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad.

“Es muy peligroso. Afecta tanto a nivel respiratorio como a nivel cardiovascular, ya que se cierran arterias y se aumenta la tensión arterial. También puede favorecer a la aparición de ictus e incluso puede provocar problemas reproductivos. Según los estudios publicados hasta el momento, hay una mortalidad anual de 500 personas al año en toda España atribuibles al ozono”, advirtió Díaz. Y añadió: “Si seguimos con estos niveles que tenemos, con el cambio climático, además, cada vez va a hacer más calor y más situaciones de estancamiento, por tanto, va a ir a peor. El ozono no va a bajar, es un contaminante que no tiene tendencia decreciente actualmente”.

Los lugares más afectados por el ozono troposférico son precisamente aquellos en los que se disfruta de la plena naturaleza. En esos sitios, el NO2 tiene niveles bajísimos. La contaminación se genera en otros puntos y debido a los vientos, el sol y la situación orográfica se desarrolla ozono malo donde la atmósfera está más limpia y donde no hay inhibidores, no hay tráfico.

En total, la capital tiene 24 estaciones de medición, cada una con diferentes parámetros. Y la Comunidad cuenta con 23. En las 24 estaciones de Madrid solo se mide el ozono en 14 de ellas. En la Comunidad, en las 23. “La peculiaridad que tiene el ozono es que no es un contaminante que salga del tubo de escape. El sol actúa sobre la superficie de la tierra y, en la época de verano, cuando los rayos son más perpendiculares sobre la superficie, es más peligroso. Es una reacción fotoquímica, de los rayos del sol sobre componentes primarios, principalmente el NO2”, explicó el pasado octubre a este periódico Xavier Querol, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

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Fuente: El Pais

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